El disparo ocurrió este lunes dentro de una escuela, pero el problema empezó mucho antes. El ataque de un adolescente de 15 años en la escuela N° 40 de San Cristóbal, que terminó con la vida de Ian Cabrera, de 13, y dejó a otros ocho estudiantes heridos, expone una pregunta incómoda que excede el caso: qué nivel de responsabilidad tiene la sociedad en la escalada de violencia entre chicos.
El ataque registrado este lunes en una escuela de la ciudad santafesina de San Cristóbal, que dejó un muerte y varios heridos, conmovió a todo el país. Por supuesto, las heridas son más profundas en la comunidad donde viven las familias del atacante y las víctimas. San Cristóbal es una ciudad de unos 15 mil habitantes, ubicada a 179 kilómetros al norte de la capital provincial. Allí, este lunes por la noche, muchos vecinos se acercaron a la puerta de la escuela normal Mariano Moreno para homenajear a Ian Cabrera, el joven de 13 años fallecido.
La defensa del adolescente que protagonizó el ataque a tiros en una escuela de San Cristóbal negó que el joven hubiera sufrido acoso escolar y evitó, a la vez, vincular el crimen a un conflicto intrafamiliar.
Con el objetivo de promover la actividad física, el encuentro y la participación de niños, niñas y jóvenes de General Lagos, la Comuna local puso en marcha el programa Plaza Activa, una propuesta deportiva itinerante que recorrerá distintos espacios públicos de la localidad.
Este lunes por la mañana, un hecho de extrema violencia sacudió a la ciudad santafesina de San Cristóbal. Pasadas las 7, un adolescente ingresó armado a la Escuela Mariano Moreno de esa localidad, abrió fuego mientras se izaba la bandera, asesinó a un alumno de 13 años e hirió a otros ocho estudiantes, de los cuales seis ya fueron dados de alta.